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lunes, 20 de febrero de 2012

Don Manuel no pesca con mosca

Hace algunos días que tengo algunas molestias en la cintura, así que decidí visitar las lisas en el puerto deportivo de El Perelló. En principio, por el ámbito donde se desarrolla, la pesca de la lisa no requiere mucho esfuerzo físico. Cebé en varios sitios con pan y como en anteriores fines de semana, no hicieron acto de presencia. 
Puerto deportivo El Perelló. Al fondo las compuertas.
Con esas perspectivas, y como me resistía a irme sin hacer un solo lance, decidí ir al principio del espigón y lanzar con una imitación de angula de Polar Fiber. No es que la zona la considere muy productiva en cuanto a lubinas con artificiales -si con gusanos-, incluso casi nunca veo pescadores de spinning en ese sitio. Pero al menos pasaría el rato.
Entrada al espigón
De camino al sitio elegido veo un hombre mayor con dos cañas tiradas a fondo. Me detuve un momento por eso de averiguar como va la pesca. Más tarde me diría que se llama Manuel y que tiene 89 años. Intentaré reproducir lo más fielmente posible lo esencial de la charla con Don Manuel..

- ¿Y? ¿Como va la cosa?
- Pues no sale nada, desde hace unas semanas que no pesco nada. Pero igual vengo, al sol se está bien y en casa me aburro. Cuando el sol baje un poco, marcharé a casa.

Mi pensamiento derivó por donde siempre: otro que no quiere soltar prenda...pero Don Manuel continuó su charla.

- Lo que pasa es que en esta época hay tantos peces pequeños que las lubinas no hacen caso del gusano. Mire, ¿no ve la cantidad de pececitos que se ven a la orilla? Pero yo igual vengo, a ver si alguna se despista y me distraigo un rato.
- Vosotros los mayores sabéis todos los secretos.
- Hombre, desde que me jubilé hace 24 años vengo todos los días, cuando el tiempo está bueno, claro.
- ¿Pero cuantos años tiene usted?
- 89.
- Joder, ojalá llegue como usted a los 89....si llego.

Hablamos un rato más y me fui a la entrada del espigón, a unos 15 ó 20 metros de donde estaba Don Manuel. Cuando ya tenía la caña montada, dispuesto a atar mi angula blanca de Polar Fiber se acerca el buen hombre y me pregunta:

- Pero ¿eso dónde lleva el peso? - preguntó con curiosidad.

No sabía como explicarle, así que le dije:

- Lleva esta línea que sirve para lanzar, en un ratito podrá verlo.

Tenía la caja de moscas abierta mientras iba atando mi angula. Don Manuel observaba mis moscas y le dije que cogiera la caja con confianza.
Imitaciones de angulas blancas en Polar Fiber
Don Manuel analizaba con detenimiento cada mosca y me pregunta:

- Y ¿porqué va a poner esa blanca?
- Es una imitación de angula, en el agua se mueve muy bien.
- Ya...(hace una pausa), pero aquí eso no creo que funcione en estas fechas, hay mucho pez pequeño. Eso está bien en las compuertas, ahí hay muchas angulas y las lubinas están esperando donde sale el agua, pegaditas al muro o debajo de las barcas. Pillan cualquier cosa que ande por el agua. Y saben salir gordas, sabe?.
- Pero allí no se puede pescar.
- Bueno. . . pero no dicen nada. Allí eso que tiene en la mano -refiriéndose a la imitación de angula- le funcionará muy bien, pero hay que tener mucho cuidado con los amarres de las barcas.
Compuertas, lugar recomendado por  Don Manuel.
- Entonces, ¿Cuál pondría usted? - le pregunté

Don Manuel mira la caja. Con su dedo, curtido por el trabajo en el campo va apartando unas de otra y finalmente, sin animarse a cogerla, me señala el pezqueñín de la foto.
La elegida de Don Manuel
- Esta es como los pececitos que están comiendo ahora. Igual tiene suerte y pilla alguna.
- Pues, pondremos esa, a ver si hay suerte.

Ato la mosca, me acerco al espigón, pero no bajo hasta el borde del agua para evitar esfuerzos y me dispongo a lanzar. Luego de 3 ó 4 lances, Don Manuel me dice admirado.

- Nunca había visto esto, qué curioso sistema!!! Y si que tira lejos. Y el pececito ese en el agua parece de verdad!!!, cuando baje un poco el sol es fácil que pille alguna.

Don Manuel se queda un rato más observando y luego vuelve a su puesto. Yo continúo lanzando hasta que observo un ataque fallido de una lubineta. Y al mismo tiempo que sonrío, pienso: "el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo". Me quedo pensando en Don Manuel, la cara de buen hombre, bonachón y generoso al compartir su sabiduría (en cierto punto, ignoro cual, el conocimiento se convierte en sabiduría).
Transcurrido un rato siento "el deseado golpe seco" y allí estaba la "promesa de Don Manuel" en el extremo de mi línea, luchado por su libertad. Inmediatamente lo busco para avisarle pero ya no estaba. Como dijo, al bajar un poco el sol él marcho a su casa y yo pillé mi lubina.
Traje la lubina hasta la orilla, tendría unos 25-30 cm y la dejé varada en un trocito de arena. Como yo estaba en lo alto y con la sacadera no llegaba, a pesar de mi dolor de cintura, me dispuse a bajar. Cuando estaba en ello, la fortuna y un anzuelo sin muerte devolvió mi lubina a su hábitat.

Esta entrada no va de mi lubina. Es un homenaje a la sabiduría y generosidad de un hombre de 89 años: Don Manuel, que no pesca con mosca.

Y me voy a urgencias, el lumbago ya requiere atención médica...

La paciencia es amarga. . .pero sus frutos son dulces

7 comentarios:

  1. Bonito relato! Precioso de leer. Es un lujo encontrar gente por ahí como Don Manuel.
    La gente mayor, a veces, es la caña!

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  2. Santi Nitas20/02/12 09:14

    es lo de siempre se aprende mas un par de horas con los mas ancianos del lugar que años uno solo mirando
    felicidades por el relato, la captura y espero que te recuperes pronto de esa dolencia

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  3. Preciosa historia..y final feliz...Enhorabuena

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  4. Tú lo has dicho: "más vale el diablo por viejo que por diablo". Cuanta sabiduría se habrá perdido con estos ancianos, que pena...

    Muy bueno relato, me ha encantado, un saludo!.

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  5. Hola Ness.

    Envidio la fortuna que has tenido al conocer a Don Manuel. Ojala hubiera muchos como el.

    Un Saludo.
    Haritz.

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  6. A veces nos cuesta pararnos a escuchar a la gente mayor y en sus palabras hay mucho conocimiento no escrito y verdaderamente valioso. Precioso ejemplo de ello este magistral relato.
    Saludos.

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